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Uno de los puntos que observo en las mentorizaciones que realizo que no se resuelve de forma adecuada es la definición del objetivo de sesión. Sin embargo es un punto clave para el desarrollo del proceso, de la sesión y de tu negocio. 

Las implicaciones de no definir un objetivo eficiente son muchas. En primer lugar pierde efectividad la sesión: si no sabes qué hay que hacer, ¿cómo vas a hacerlo?. Con un objetivo no específico el coach se siente inseguro, no entiende muy bien cuál es el sentido de su trabajo y termina haciendo lo que puede. A partir de aquí se ve afectada no solo su autoestima, sino también su forma de percibir el coaching. Esto tiene implicaciones en su negocio de coaching por su parte, pero también por parte de su cliente, que no entiende muy bien qué es lo que está haciendo. 

Te lo cuento utilizando como analogía un restaurante y un camarero. Vayamos a la primera situación, aquella en que el objetivo no está bien definido: 

Situación 1

—¿Qué desea comer? —pregunta el camarero.

—Carne.

—Estupendo.

El camarero va a la cocina y vuelve con un plato de codornices con patatas fritas. 

—¿Codornices? Pero si a mí no me gustan las codornices. La carne está además demasiado hecha. ¿No ha visto que estoy a dieta? No quiero patatas fritas en mi plato.

—Pero si usted me ha pedido carne, y esto es carne. Tampoco me ha dicho con qué quería que acompañara la carne. 

El camarero acaba molesto, al fin y al cabo él le ha dado al cliente lo que le ha pedido, se ha esforzado en servirle lo mejor posible y, sin embargo, este no ha quedado contento

El cliente está decepcionado puesto que él ha ido a un restaurante para comer algo que le gustara y lo que le han servido no le gusta.

¿Resultado? El cliente no vuelve al restaurante. El camarero se siente frustrado: encima de que trabaja y nadie se lo agradece. 

¡Veamos ahora otra situación! Una en la que el objetivo está definido de forma eficiente. 

Situación 2

—¿Qué desea comer? —pregunta el camarero.

—Mire, póngame un solomillo por favor. 

—¿Hecho, medio o poco hecho?

—Vuelta y vuelta por favor.

—¿Con qué lo quiere acompañar? Tenemos patata al horno, patata frita, verduras a la plancha o ensalada.

—¿Podría ser con patata al horno y ensalada? 

—Sí, claro.

—¿La ensalada podría ser en plato aparte? Odio que se mezclen los jugos de la carne con la ensalada.

—Por supuesto.

Llega el camarero y sirve al cliente lo que este ha pedido: solomillo vuelta y vuelta con la ensalada aparte y patata al horno. El cliente disfruta de su comida. El camarero le pregunta a mitad del plato si todo está bien y si necesita algo más. El cliente aprovecha y le da las gracias por su atención.

El camarero termina el servicio satisfecho con el resultado. Se siente reconocido porque el cliente le da las gracias. 

El cliente se levanta encantado porque ha comido lo que quería. 

¿Resultado? El cliente volverá al restaurante, recordará cómo le atendieron y lo bien que comió. Cuando el camarero se acerque se alegrará de volver a verle, por lo que es posible que se esfuerce aún más en servirle mejor. 

Pues lo mismo pasa con los objetivos. Si no te encargas de filtrar de forma correcta el objetivo de tu cliente, entonces en primer lugar no sabrás qué hay que explorar en la sesión, en segundo lugar no podrás medirlo, tu sesión no tendrá sentido, el cliente se irá a veces satisfecho, pero otras muchas sin saber muy bien lo que ha pasado. 

Tu forma de definir objetivos tiene implicaciones directas en tus sesiones e indirectas en tus sesiones. ¿No crees que es un tema para tomarse bien en serio? ¿Te ha gustado? ¿Sabes que hay un montón de metáforas más en el libro Competencias, metáforas y vida?  

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