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Para tener un cuerpo tonificado ejercitas tus músculos. A veces haces biceps, o triceps. O si corres trabajas en velocidad, otras en resistencia. Así poco a poco, vas tonificando, o trabajando las distintas partes que te llevan a conseguir tus objetivos. 

El coaching funciona similar. Está formado por distintos músculos: la presencia, la escucha no verbal, el saber detectar expresiones no verbales y devolverlas al cliente. Ser capaz de escuchar los modos de funcionar del cliente y hacerles de espejo. Saber cuándo el objetivo está filtrado de forma suficiente. Ser capaz de averiguar cuál es la función del coach en la sesión. El arte de tirar del hilo de una emoción. O darle un meneo a un bloqueo.  

Para hacer un coaching tonificado tendrás que ejercitar todos tus músculos. Y esto lleva trabajo, meses de trabajo. Es posible que jamás llegues al final. Siempre verás algo que puedes hacer mejor. Y si no lo ves tú, lo verás en las mentorizaciones que contratarás para seguir creciendo ;).

Una de las formas que he encontrado, es ejercitar un músculo a la vez. Y hacer eso en tu vida, no solo en las sesiones. Dedicar una semana, unos días, o el tiempo que haga falta a ejercitar tanto ese músculo que pase del consciente al inconsciente. Y una vez que pasen al inconsciente nunca más tendrás que volver a ejercitarlos. Formarán parte de ti, de tu intuición, de tu forma de relacionarte y de hacer coaching.

En Sesiones Efectivas te contamos distintas formas de ejercitar estos músculos del coaching. Tú puedes inventarte las tuyas propias. ¿Qué tal una semana de presencia absoluta en tu forma de ver el mundo? ¿O unos días dedicada a los gestos no verbales?

 

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