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Este post nació hace tiempo en una mentorización. Estaba trabajando con un coach que quería certificarse, y que hacía un año que había terminado la formación. Cuando empezamos a hablar, me comentó que dudaba sobre la metodología del coaching, porque cuando había empezado con las prácticas, había trabajado con algunos clientes que habían obtenido resultados, sin embargo, un año después, estos resultados se habían desvanecido. 

Las conclusiones que había sacado de ello es que el coaching no funcionaba. 🤦🏻‍♀️

Este es un ejemplo. Sin embargo, es algo que veo contínuamente en las mentorizaciones, cuando el coach pone el éxito de él como profesional, o de la metodología del coaching en lo que hace, o le sucede al cliente, creando una relación, cuando menos rara.

En ese caso, suelo poner mi propio ejemplo, con mis propios objetivos. En mi caso, ha habido objetivos que he conseguido de forma fácil. Otros que he  tardado años en conseguir. Algunos ejemplos: tardé cinco años desde que me formé en coaching, a tomar la decisión de dedicarme a ello. Diez años desde que quise escribir un libro, a escribirlo. A conseguir un proyecto digital de formación no sé cuántos años he tardado, desde que empecé a darle vueltas hasta que al final lo tengo. 

Durante este tiempo he ido trabajando en mí, con profesionales también que me han ayudado. Me imagino cómo sería la relación con estos profesionales, que son además colegas, incluso algunos colegas de trabajo, si cuando yo les contara que aún no lo he conseguido, ellos se sintieran culpables de lo que yo no he hecho. Imagino cómo sería si ellos empiezan a pensar que la culpa es del coaching, que no funciona, o de ellos mismos que no son buenos profesionales. Entonces yo me sentiría culpable de las emociones de mi coach, e incluso es probable que terminara escondiéndome para no decir que no lo he conseguido. Para que mi coach no se sintiera mal. 

¿Qué te parece este tipo de relación?

 

Si esto hubiera sido así, no habría tenido un sostén importante para mí, una persona que ha estado a mi lado ayudándome a deshacer los nudos y los bloqueos que me impedían llegar a conseguir los objetivos que yo me había marcado. 

¿Qué tipo de profesional es el que necesito yo a mi lado cuando voy en búsqueda de mis objetivos? Alguien maduro, comprensivo, que sea capaz de sostener lo que me pasa, flexible, con quién desnudarme, que me devuelva el reflejo de lo que me está pasando, que me permita crecer, que sea sólido, fuerte y sensible a la vez. Esto es lo que yo necesito, Y me atrevo a aventurar que lo que necesitamos todos en nuestro camino de crecimiento. 

Si tú quieres ser el tipo de profesional, que necesita tu cliente entonces atento al tema de las responsabilidades. ¿Cuáles son tus responsabilidades con tus clientes? Pues tan solo una: hacer tu trabajo. 

¿Y cuál es tu trabajo? Pues hacer buen coaching, tus responsabilidades son muchas: estar en tu lugar, formarte para poder sostener a tu cliente, definir objetivos de proceso y de sesión efectivos, explorar en el marco del acuerdo, tener presencia, escucha activa, saber reflejar al cliente su forma de funcionar, sus patrones, ayudarle a planificar, ver qué puede pasar, qué impedimentos se puede encontrar, comprobar su progreso y así, todos los matices que aportan las competencias en coaching. 

Si tú te mantienes en lo que es tu responsabilidad, el cliente podrá mantenerse y centrarse en lo que es la suya y vais a poder crear una relación provechosa en la que cada uno está en su lugar y haciendo su camino. Que tu cliente consiga o no sus objetivos depende de forma completa de él o de ella. Tu trabajo es facilitar un entorno en el que pueda crecer y/o encontrar los recursos que le acerquen cada vez más a ese lugar o estado en el que quiere estar. Este es el tipo de coach que quiero para mí. ¿Y tú qué tipo de coach quieres para ti?

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